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Mis primeras palabras

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El pasado 16 de septiembre inicié mi ministerio pastoral en la parroquia de Santa María de Torredonjimeno. Aquí os dejo mis primeras palabras a mi nueva comunidad cristiana.  PRIMERAS PALABRAS Hace casi 21 años, el 24 de octubre de 1999, el Señor depositó en mi (una pobre vasija de barro) el tesoro de la vocación sacerdotal, haciéndome un instrumento de su gracia. Y fruto de aquel día hoy comienzo mi ministerio pastoral aquí, en la parroquia de Santa María de Torredonjimeno. Porque Jesús  ha vuelto a presentarse otra vez como aquella noche en el mar de Galilea, para repetirme: “rema mar adentro”. Y yo, haciendo mías las palabras de Pedro, le vuelvo a repetir mi lema sacerdotal: “En tu nombre, Señor, echaré las redes”. Hoy inauguro mi servicio ministerial en esta parroquia con la conciencia de que ha sido el Señor quien me ha puesto entre vosotros. Y vengo con el deseo de seguir echando las redes en su nombre y trabajar con ilusión por su Iglesia que peregrina en Torredonjimeno. Han sid

Lágrimas en el alma

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El pasado 8 de septiembre me despedí de la parroquia de la Natividad de Jamilena. Fue una celebración de acción de gracias a Dios por mis cinco años de ministerio pastoral al servicio de esa comunidad, donde no faltaron las muestras de cariño y las fuertes emociones propias de las despedidas. Un día llegué a este pueblo de la Sierra Sur para asumir la tarea que la Iglesia de Jaén me encomendaba, y el otro día lo dejé por la misma razón. Ahora la Iglesia me ha pedido que atienda la comunidad cristiana de la parroquia de Santa María de Torredonjimeno.  En esta mirada os dejo mis últimas palabras como párroco de allí, palabras llenas de gratitud hacia la comunidad y las personas que, durante estos cinco años, han sido un verdadero regalo de Dios.  Despedida de Jamilena Septiembre, 8 de septiembre de 2020   Tal vez hayáis oído hablar alguna vez del síndrome de la hoja en blanco. Es como se denomina al miedo que una persona tiene a empezar a escribir algo. Yo, a lo largo de mi vida, he vivi

¿"Nueva normalidad" o una excusa para dar "gato por liebre"? (Coronavirus X)

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Se terminó el estado de alarma y ya llevamos un mes inmersos en lo que las autoridades denominaban "nueva normalidad". Ha sido y está siendo como un guion de cine que sobrepasa cualquier expectativa. Incluso se podría hacer un cierto paralelismo con el título de algunas películas. Hemos vivido " Solo en casa " (porque el confinamiento no nos ha permitido ir a otro sitio) para después tener " Encuentros en la tercera fase"  (pues debimos esperar a la tercera fase del desconfinamiento para tener reuniones con familiares y con amigos), mientras muchas familias soportan auténticos " Juegos del hambre", haciendo cola en la puerta de parroquias o de comedores sociales. Sí, sin ánimo de frivolizar con un tema tan serio y delicado como el que estamos sufriendo, lo vivido puede parecernos un thriller o una película de ciencia ficción, pero ha sido y es una realidad que nunca hubiéramos podido llegar a imaginar. Es verdad que ahora se está haciend

Las prisas: el mejor aliado del virus (Coronavirus IX)

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La euforia desatada con el avance de la mal llamada “desescalada” ha derivado en una insólita actitud de total despreocupación por la amenaza del Coronavirus. Hemos pasado de estar confinados en nuestras casas, atemorizados por miedo al contagio, a ver nuestras calles y avenidas repletas de gente, incluso organizando fiestas de cumpleaños o barbacoas con familiares y amigos en grupos mucho más numerosos de los permitidos por las autoridades sanitarias. Es más, las últimas noticias nos dejan imágenes de macrofiestas o macrobotellones en diversos rincones de nuestra geografía, mientras nos encontramos viviendo diez días de luto nacional por las víctimas de esta pandemia. No sabría identificar el motivo o motivos que han provocado, casi de un día para otro, ese cambio de actitud tan radical en muchas personas, pero estoy seguro de que se ha identificado “desescalada” con “desaparición”, y eso no es verdad. Basta hablar con algún sanitario o alguna familia que haya sufrido directamente l

Coronavirus VIII: Decálogo para la vida después del Covid-19

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Hoy quiero imaginar ese día en el que, por fin, se descubra el antivírico o la vacuna contra el Covid-19. Ahora que nos encontramos en la denominada "desescalada" viviendo una "nueva normalidad" (neologismos que no entiendo ni comparto, pues, en realidad, ni hemos escalado nada, sino todo lo contrario, ni lo que vivimos es normal, sino anómalo), pienso en ese día, anhelado y soñado por todos, en el que toda la humanidad se despierte pensando que lo vivido durante este tiempo ha sido una terrible pesadilla; un mal sueño en el que un microorganismo nos ha estado venciendo en muchas batallas, dejando tras de sí un rastro de sufrimiento, dolor y muerte. Ese día, el primero después de haberse descubierto el remedio y haberse confirmado que ya está disponible y es efectivo, habrá acabado esta crisis sanitaria mundial y comenzaremos otra etapa de nuestra historia. Y ese día me gustaría tener claro algunas de las cosas que hemos aprendido durante este tiempo de pandemi

Coronavirus VII: La romería de nuestras vidas

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Este domingo mi pueblo no ha podido resistir el confinamiento y ha salido de sus casas. Sí, se ha saltado el encierro decretado por el estado de alarma para trasladarse "con su corazón" al camarín del Santuario de la Virgen de la Cabeza. Es más, en honor a la verdad, he de decir que nos lo hemos saltado todos los que somos devotos de Ella. Porque este último domingo del mes de abril, aunque físicamente estemos encerrados en nuestras casas, no hemos podido contener la emoción, los sentimientos y la devoción, y hemos peregrinado hasta el Cabezo, a los pies de esa Bendita Imagen que Dios quiso que acompañara a los hijos de esta tierra. Por eso, en la mayoría de los balcones de las calles de Jamilena lucen lonas con el rostro de la Aceituna Bendita y se oye el himno de la Morenita. Incluso este año han sucumbido a esta romería los más reticentes con ella y también han celebrado esta fiesta en honor a la que desde 1959 el papa Juan XIII nombrara patrona de nuestra diócesis en su

Coronavirus VI: Lágrimas en la primavera de "tulipanes negros"

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He necesitado un margen de tiempo antes de escribir una mirada sobre una de las experiencias más impactantes que he tenido que afrontar, y que, desgraciadamente, están sufriendo cada día centenares de personas de nuestro país: enterrar a un difunto, ya sea por el virus o no, durante el estado de alarma. Los que lo habéis vivido sabéis lo que se siente y, para los que no, os puedo asegurar que se palpa la tristeza y la aflicción. No hay palabras que puedan describir el dolor desgarrador de quienes no han podido acompañar a un ser querido en los últimos instantes de su vida; la pena de no haber estado allí, junto a él, cogiéndole de la mano antes de emprender el camino sin retorno; y el sufrimiento de una despedida rápida, con mascarillas y sin abrazos. Es el dolor de la soledad que atraviesa al moribundo en tiempos de pandemia, que gangrena el corazón de quien quiere y no puede mitigar esa soledad, y que le arranca una parte de sí mismo a sangre fría. La situación está siendo mu