Aquí, en el moderno aeropuerto de Düsseldorf, comienzo esta breve reflexión sobre mi estancia en Dingden, un pequeño pueblo alemán situado en el corazón de Westfalia. Allí se encuentra la Akademie Klausenhof, donde he estado recibiendo un curso intensivo de alemán durante dos meses. Destaco especialmente el adjetivo, porque han sido dos meses donde lo único que he podido hacer ha sido estudiar alemán, en primer lugar, por la metodología, que no permitía “dormirse en los laureles”; y, en segundo lugar, por la localización de la academia, porque está situada en las afueras del pueblo y se necesitan recorrer al menos unos dos kilómetros hasta llegar al tren. Un lugar apartado, pensado para estudiar, donde he tenido algunas vivencias que quizás otros día comparta con vosotros porque me han llamado la atención. Estoy pensando especialmente en dos conversaciones que tuve con los españoles que llegaron a principios de agosto y que me hicieron reflexionar sobre la situación y la educación ...